Después de descansar plácidamente toda la noche en Puerto Calero, importante marina en Lanzarote donde se encontraba parte de la flota de la “Volvo Ocean Race” y de la Transat. Durante nuestra estancia recibimos un trato excelente y muy profesional por parte del personal de puerto, y después de desayunar zarpamos hacia Marina Rubicón.
Durante ese corto trayecto comentaba con la tripulación que debía tener alguna lapa pegada en la hélice porque desde hacia días cuando íbamos a motor notaba que no respondía como habitualmente lo hace y la hélice cavitaba a determinadas revoluciones. Al enfilar la bocana en viento lo cogimos de proa y el barco no era capaz de remontar la entrada teniendo que pasar el motor de revoluciones para avanzar contra viento. Aquello me desconcertó pues no era normal.
Cuando hicimos el cheking en capitanía y estuvimos atracados en el amarre que nos habían asignado, F. haciendo muestra de su formación de buzo profesional se lanzó al agua provisto de gafas de bucear, y comprobó que el problema estaba en que había una red enrollada en la hélice. Provisto de cuchillo se volvió a meter en el agua ante la sorpresa de los turistas que creían que se daba un baño en el puerto, sacando un tramo de red de un metro que posiblemente traíamos enrollada a la hélice desde el Mediterráneo donde antes de hacer la primera escala técnica habíamos tenido “un extraño” porque el barco bajó incomprensiblemente la velocidad a 1 nudo y después de buscar varios rumbos el barco recuperó nuevamente la velocidad.
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